domingo, febrero 10, 2008

Imposible no llevarme conmigo el viento

Si cada ola fuera una piedra, si cada piedra fuera un pájaro, si cada pájaro fuera un granito de arena, si cada granito de arena fuera una ola, si cada ola fuera un pensamiento, entonces estaría conmigo en Mar del Plata.


F.L.B. (12/2/08)

miércoles, enero 16, 2008

Viajes a Saladillo

8/09/07

Me encuentro en mis viajes, con una búsqueda constante, una historia perdida; alguna estructura invisible detrás de kilómetros y kilómetros de niebla.

Hay tanto, pero mas bien oculto. Tanto demasiado perfecto. La vista ensaya matices, colores casi, sin terminar. Son ciento ochenta y cuatro kilómetros de gris, montes con su lucecita única, luciérnaga inmóvil.

Las primeras estrellas se ven desde hace rato.

Ahora el micro para y nada me parece asombroso.

Cuando cae la noche los lugares dejan de existir, y yo desentono.

Desde adentro, desde el ventanón y la butaca coche cama el paisaje se muestra como un fresco recién pintado, no me pertenece.

Cada viaje que pasa siento que algo me pierde, que algo no me encuentra; lo busco pero no me encuentra. Detesto perder el tiempo.

Ser fugitivo no es lo que esperaba.

F.L.B. (8/9/07)

viernes, enero 11, 2008

¡Madre Mía!

Madrecita, madrecita mía virgencita de mi alma y mi vida de mi corazón virgencita madrecita que nos has creado y dejado acá para siempre hasta la muerte hasta que la muerte nos separe y nos lleve con vos con el alma pura si es pura y hasta el cielo y mas allá madrecita madrecita mía tuya mi virgencita de todos y mía porque yo te hablo y te pido que bendigas a todos los que te piden que bendigas y los que no los que te llaman y los que no los que te somos fieles y los que no entonces no porque yo me tomo el trabajo me hago el tiempo madrecita mía solo mía porque me hago el espacio y descuido las cosas para hablarte y contarte y pedirte pero no pedirte mucho. Entonces todos no todos es mucho pedir porque no se lo merecen, mejor algunos los fieles servidores siervos, esclavos no, porque lo hacemos de fé de fuerza de voluntad con sacrificio y determinación con temple esperanza con organización y sincronía porque así sólo es como se puede como se debe porque así lo exiges madrecita mía así es como lo hizo él cargando con ese peso hasta allá arriba, sacrificio, con su espalda con sangre y su frente lastimada entonces lo que me pides no es nada no es nada descuidar a todo y a todos y a todo lo que tengo por vos no es nada no no virgencita no es mucho creer que me escuchas porque sólo un loco pensaría que no estás y que no existes sólo un tonto diría que los fantasmas y que el alma y que los milagros no sólo un ciego podría cuestionar sólo uno que no merece nada de vos y yo que tanto hago entonces tanto merezco tanto tendría que tener y tan poco tengo tan infeliz ¿Por qué mi infelicidad ehh por qué madrecita mía de mi alma que me diste la vida porque la tristeza entonces y las ganas de dejar de vivir por qué las preguntas que te hago madrecita si yo creo tanto y tanto que te dedico todo y mi vida es para vos porque estoy sentada a los pies de la cama mientras otros ríen en sus tragos largos o en su incredulidad en su ignorancia en su facilidad constante? Que fácil que es no creer virgencita madrecita, que tan fácil es no creer en nada y vivir tranquilo pero yo no yo no hago nada fácil yo estoy acá por vos creyendo en vos dejando mi vida y mis anhelos mis esperanzas dejando mi todo. Ohh blasfemias tan escépticos todos y yo acá creyendote y pidiendote por ellos los que no te merecen que no merecen ni pensarte ni cuestionarte ellos virgencita que sólo merecen morir dales la muerte dales todo lo que se merecen que los partan los rayos en mil pedazos madrecita porque no debes permitir que tu reino se acabe porque sino mi tiempo estaría tan malgastado, les partiría el cuello madrecita, mi vida perdería el sentido que tiene que le das vos virgencita por culpa de ellos tienes que terminarlos exterminarlos para siempre terminarlos virgencita porque él creyó que todo esto era posible y ahora se hace tan difícil mantenerse a flote y en pié con tanto peso madrecita madrecita mía y sólo mía y de nadie más porque sólo yo te merezco a tí porque yo sólo yo te creo y me debes tanto a mí que deberías rezarme tu que deberías pedirme tu que deberías llorarme tu mi vida madrecita madrecita…virgencita…¿Virgencita?...¿Dónde estás?...no te escucho..


F.L.B. (03/1/08)

martes, enero 08, 2008

En la mercería

-¿Me das un cierre diente de elefante?
-No, se llama diente de perro ¿Le doy un cierre diente de perro?
-Bueno, sí, un cierre diente de perro por favor.

-¿Me das un cierre diente de león?
-Sí, ya se lo traigo señora, pero acá le decimos diente de perro.
-Sí, bueno, eso.

-¿Me das un cierre diente de caballo?
-Sí, ya se lo doy.

La comunicación se establece, a veces, por cansancio...

viernes, diciembre 28, 2007

El estigma

El niño de paja corre todo niño todo paja, todo velocidad pensando en cosas que no importan hasta chocar con un hombre no de paja, un hombre, un noniño que está quieto y saltan las virutas las esquirlas los dobleces de jirones de trapo de alambre y las migas de pan. El hombre noniño se sacude el traje azulgris que limpio limpio traía y mofando con un soplido, bocanada de aire, resoplando el aire, haciendo como un toro pero siendo un hombre, un noniño no de paja resopla. Tanto tanto que el niño de paja lo mira con los ojos de paja pero no de paja sino de niño de paja, ojos de cartón o madera ojos que miran al hombre y le dicen miradas mas que cosas cosas mas o menos le dice y el hombre no lo entiende porque es un noniño no de paja que no entiende ese lenguaje de niño en velocidad y parece enojado el hombre gordo de saco noniño enojado se enoja y camina enojado. Cuando el hombre sigue caminando el niño lo toma del brazo con su mano de madera que resbala y no lo toma pero lo intenta y algo hace porque el hombre noniño se voltea y ahora mira entendiendo menos que antes y antes no entendía nada. El niño le dice que él es un niño y que es de paja y que su saco es solo un saco pero que él, él es un niño de paja y es un niño que será un hombre algún día y que siempre será de paja y eso no lo asusta. El hombre noniño ríe y mete su mano de carne mete la mano en el bolsillo su mano de hueso y carne y saca un fósforo pequeño de madera con la cabeza roja roja y lo prende y se lo tira al niño de paja que grita y grita y corre sin poder parar ni pensar en nada sin pensar niño de paja que va en velocidad por la calle chocándose todo lo que hay a su paso, bomba de fuego de paja de niño encendida por la acera del costado de la calle muy transitada. El hombre ríe a carcajadas y es tan noniño tan reidor de niño de paja en llamas. Y el niño cae cae al suelo hecho cenizas, sin mas velocidad sin mas llamas que consuman lo que ya no está, lo que era, se esfumó. La gente que le pasa por los costados pasa pasa y no lo ven al niño pobre de paja cenizas no ven las cenizas de lo que era un niño de paja, sólo otros niños de paja se le acercan de paja niños y lloran al quemado, tratan de juntar las cenizas niños pero eran tan pequeñas y tan cenizas que volaban y cubrían todo lo que había por doquier y por cualquier parte doquier, alrededor en todo el mundo. Al instante el hombre noniño gordo piensa y se sonríe como hombre gordo noniño, piensa que con esos niños no hay futuro y se sonríe piensa, se sonríe, el hombre no niño de esta sociedad sin futuro.

F.L.B. (28/11/07)

lunes, diciembre 17, 2007

El regreso

Mastico el cigarrillo con alguna idea. Encuentro pocas respuestas para borrarlo de mi vida y si no resuelvo algo pronto, temo su presencia me consuma, como el humo que se escapa ante mi vida inconclusa.

Pensaba que ya no iba a verlo nunca más, que ya no iba a tener que sentir su aliento crudo, violento, verde. Imaginaba -alucinaba- un momento de paz en mi vida, un porvenir tranquilo, suave, calmo, como todo lo que pasé esta semana, sentado en la hamaca mirando la playa, las olas romper sin ningún reparo contra la arena del fondo. Rodeado de médanos sin fin, un viento tenue, cálido, que resopla sin que se sienta demasiado. El calor del verano en la playa, seco y pegajoso a la vez. Mi casa un poco abandonada, con lo justo y necesario, cumple la función: el refugio. La soledad me rodea en mi hamaca de tela marfil, gruesa para mi gusto, pero cómoda al fin.

Me prometía a mí mismo mentiras que no podría cumplir pero no importaba, porque él ya no estaba y podía darme el lujo de soñar despierto, o dormido, o pensar en nada, en nada más. No habría en mis espaldas un peso mayor al de mis huesos, no tendría una sombra constante, pesada, difícil de mantener en pie. Creía que podría caminar en la arena y dejar sólo dos huellas en lugar de cuatro, dejar un suspiro en lugar de dos, pensar sólo simple en mí.

Me equivoqué: Juan Cruz llegó y me pidió disculpas por todo, me abrazó como los amigos que éramos hace mucho y ahí cayeron, rotos, añicos, los vidrios de mis ilusiones. No importaba si yo lo perdonaba o no, no importaba para nada. No importaba si yo lo odiaba con toda mi humanidad completa entera llena hasta el hartazgo, no importaba siquiera, en la galería de mi casa, en el living de mi vida, no importaba siquiera Yo.

Juan Cruz había regresado y ahora, dos días después -todavía- no hemos hablado demasiado.

Un mes atrás, luego de pasear por las playas uruguayas ida y vuelta, él, como siempre me convenció. Yo, como siempre, nunca dije no. Sí, dije que no, pero lo dije con la mirada, con el cuerpo, lo dije con la conciencia exprimida, con la ética que conservo, la moral que llevo en el fondo del fondo, lo dije con el esófago y con el corazón, recuerdo haber escuchado algún riñón por ahí decirme también que no. Grité que no a los cuatro vientos de mi inteligencia, pero le serví el sí en bandeja al callar y no decir más que silencio, ese espacio a la duda que siempre dejo por no decir lo que debo y cuando lo intento ya no, ya es hoy, ya es un mes después de esa pareja de turistas que matamos y es tarde.

Viajábamos así, con lo puesto y algunas cosas, caminábamos y a los micros cuando se podía, cuando había plata de alguna venta de collarcitos y pulseras, de anillos con alambre y piedritas de arena, cuando vendíamos mas marihuana de la que fumábamos, cuando éramos buenos comerciantes. Conocimos a algunos y a otros, charlamos con aquellos, matamos a esos, peleamos así, corrí para allá y me escapé. Y acá, acá estoy, con éste tarado a mi lado que no puede hacer nada por su cuenta y que necesita de otro tarado para plasmar sus geniales ideas y pelotudas. Después de tanto correr y de pensar acá lo tengo, cosido a mi espalda como hace un mes, como hace 10 años cuando éramos dos pequeños insignificantes, como siempre desde que tengo memoria.

Todavía no entiendo cómo me encontró. Su presencia jamás me incomodó tanto sino hasta hoy, un día después de su regreso. Lo veo ahí sentado en la costa, mojándose los pies de su cuerpazo enorme y torpe, corriendo las olas más difíciles como si fuera un chico, tomándose lo poco que dejé del vodka de anoche, cuando todavía conservaba algo parecido a la libertad. Lo veo empinar la botella transparente atravesada por el rayo de luz que, además, parece iluminarlo como a un santo, como a un intocable de la vida: un hombre que pasó por tanto, un chico que nunca creció, que jamás entendió de que se trataba todo.

Intento esquivar a Juan Cruz, borrar su presencia, ignorar sus preguntas, hacerlo desaparecer aunque esté ahí y yo no quiera aceptarlo. Trato de volver a generar ese clima de tranquilidad pero su silueta me da escalofríos en la espalda. El estar ahí es tan subjetivo: está lejos, en la playa y sin embargo lo siento cerca, como si me escuchara haciendo de cuenta que me ignora corriendo entre las olas. Su estadía es una nube negra al acecho en un día de verano húmedo.

Caminábamos sin parar hasta que las ampollas y el sol nos consumían y ahí sentábamos campamento como dos Boy Scouts, tomábamos sol tipo roca, lagartos inmóviles, casi negros y contentos de estar haciendo nada, improvisando por la vida como actores desencontrados en un papel que los ha superado. Y eso que yo me prometía dejarlo pero al final era buenazo, al final hablaba mucho pero eran pocas las cagadas aunque graves y entonces uno se consuela cuando no hay mas camino por recorrer que el que está atrás y hasta a veces uno se lo inventa para no aceptar que adelante hay un barranco, una caída libre hacia el vacío, una camino de ida.

Las playas de Uruguay que frecuentábamos día a día eran solo postales: paisajes paradisíacos, piedras, olas y mar azul, celeste, casi tibio. Cuando entrábamos para disfrutar de la vida, intentando llevar ese paraíso abstracto hasta alguna sensación todo se derrumbaba: había piedras en el fondo y muchas algas que flotaban con la corriente, aguas vivas que nos corrían por la fuerza, rocas negras grandes moldeadas por el agua y peligrosas en la rompiente, posos sin fondo que se abrían en lo hondo, falsos caracoles, falsas playas: fachada. Todo era lo que no parecía, nosotros también: parecíamos.

Es muy difícil parecerse a lo que uno debe ser.

Se me acerca pesado, trabado con la arena al caminar, hundido en el planeta algunos centímetros. Hundido hasta el punto de no saber, de no, de no nada. Y yo mirándolo, escuchándolo lo poco que se lo puede escuchar a un infeliz. Claro que yo lo conozco y sé como llevarlo, sé que hay que decirle siempre que sí, que sí, sí sí sí sí, hasta que el sí es lo único que sale decir y luego, al instante, es demasiado tarde para esbozar un no rotundo, un final para alguna cosa que se pasó para el otro lado.

Me gustaría poder volver a ser Yo.

Se me acerca el pavote y me dice casi como sabiendo lo que pienso, anticipándose, leyendo mis ideas, mi mirada, mis palabras que no digo, me dice entonces no te enojes, cómo iba yo a saber.

Lo miro despacio desde sus pies hundidos tratando de salir hasta su cintura pequeña, lo subo por su torso marcado y duro, temible, sus brazos fuertes, el cuerpo de la cintura para arriba moldeado por un dios benevolente, casi un titán. Lo miro a los ojos sanos que engañan tanto como el sabe y su voz, modulada y no tan gruesa, con el tono exacto y calculado que debe tener una voz que habla de lo que me está hablando. Yo callo y no niego ni asiento, lo miro, me levanto y camino a sentarme a la orilla: la playa. Camino a mojarme la cabeza y los brazos, a pasar sal por mi cuerpo pequeño, por mi pelo seco lleno de arena, cansado y molesto, callado, me siento y prendo un cigarrillo mientras pienso, tranquilo, la manera mas fácil de matarlo.

F.L.B. (22/11/07)

miércoles, diciembre 05, 2007

Crónicas: Centenarius

30/08/07

El parque es verde y basto. Uno de los pocos espacios que hay entre los muchos barrios de Buenos Aires. La laguna, no tan profunda, es casi el centro de la cosa: un oasis rodeado por cemento.

Un chico, sentado a mi lado, se para y camina. Cada paso es una duda.

Solo se escuchan pájaros, patos, parejas y gansos. Algunos toman cerveza. La cuidad contempla, allá a lo lejos, alrededor.

Un pato chico corre a un ganso más grande. El ganso se aleja tras el ataque. No lo entiendo.

En el medio de la laguna hay, solitaria, una isla. Tiene arbolitos por el momento y una montaña de rocas gastadas de un tamaño considerable. Me pregunto cómo cortarán el pasto. No lo hacen.

Al final, detrás de todo medio escondida, una calesita se marea. Yo me canso por momentos de ver gente de la mano.

Cuanta monotonía hay en este cuadro qué, sin embargo, apuesta a la inspiración.

Mate, cigarrillos, charlas: una convención social.

Es un jueves de invierno y las 7 de la tarde es, en Parque Centenario, la hora bisagra.

6/09/07

Un chico de cuatro, de la mano de su padre dice pato pato pato pato, mientras los gansos, a menos de un metro, no se dan por aludidos.

Pato pato pato.

Es un lugar perfecto para leer y chupar algo de frío.

El árbol de unos 15 años sostiene a sus pies una pareja de enamorados de la misma edad.

Otro nene, con su madre y su abuela dice bauau bauau, pero los gansos hoy no hacen caso ni contestan. Hoy son más gansos que nunca.

Una pareja de abrasados saca fotos. Los gansos posan.

Me enerva el raspar de los zapatos en el cemento. Me enervan las pocas ganas de todo.

13/09/07

El parque permanece vacío: es otra cosa. Es eso que es cuando nadie está mirando. El parque hoy, con la lluvia y los gansos, con las hojas secas mojadas pisadas en el piso amontonadas, es lo otro, lo que no sabemos. Hoy, sin nadie que lo mire, es por sí mismo.

Lo fácil, lo mas fácil, es no verlo.

20/09/07

Allá, enfrente, cruzando la laguna entera de lado a lado, ocho pibes con remeras de futbol practican capoeira.

El agua parece un colchón, una capa firme de algo, como si se pudiera caminar por encima. Cuando algún rayo de sol la impacta y se refleja, pueden verse las ondas, el movimiento constante, el ir hacia algún lado indefinido.

Un nene de 2 quiere ir al pasto. La mamá no. La mamá lo guía. El nene quiere ir al pasto. La mamá lo guía para otro lado. La mamá se lo lleva. El nene no llora pero realmente quería ir al pasto.

La luz con el sol se esconde de a poco, viaja quizás hacia mismo lugar donde va el agua, ilusoriamente, encerrada en la laguna, en algún lugar del universo.

Una madre le dice a su hijo algo en alemán, dos chinas me pasan de lado hablando en chino y dos argentinas, bajo una estatua que no se entiende, hablan un castellano raro. Tienen pelo naranja, negro y amarillo. Pelo lacio, flequillo ralo hasta las cejas adelante; atrás corto hasta el cuello. Sacan fotos y se ríen bien.

Una pareja de sesenta y ocho en un banco a mi lado habla cosas de parejas de sesenta y ocho. Detrás de las rejas, junto a dos paseadores, los perros juegan y hasta se divierten.

Le pido fuego a un joven de veintipico, simple. Me contesta “ellas”. Sus tres compañeras fuman pero nadie quiere moverse. No se cuanto tiempo pasa pero es bastante. Luego una busca un encendedor amarillo y sin mirarme, me lo pasa. Le digo gracias aunque no quiero y me alejo. Ella no contesta.

Los pájaros parecen tímidos. La calle, raro, se escucha desde donde estoy sentado. Mañana es el día de la primavera y no parece. Luego pienso que no está mal que así sea.

Hoy, en el parque, me aburro.

Me voy.

F.L.B.

miércoles, noviembre 28, 2007

Desaparece

Más allá de todo, al costado del espacio, lejos del tiempo y de la historia, ella siempre vuelve.

La cruzo en todos los tamaños y en todos los idiomas. Aparece y desaparece en silencio, de manera simple. La veo aunque me vea o no o aunque no sea.

En el recuerdo de una plaza, en una estación, en el bar donde no va nadie. También en la calle, en una rima de hace años, paseando un perro o virtualmente, a través de sistemas, cables y aparatos. Siempre, tarde o temprano, aparece y desaparece.

Acompañada, seca, con taco, triste, con sueño, la cruzo, en colores, blanco y negro, con música o sin ella, sola, la cruzo, empapada, en un cine sentada a mi lado, rubia, descalza, negro gris oscuro, la cruzo.

Doy con ella cuando camino una avenida importante una tarde de verano, en un oxímoron, en la mayonesa mezclada con el kétchup.

Todas las veces parece la última; todas las veces, (digo: todas las veces) siempre hay otra.

Forma parte de mi vida en minúsculos destellos: momentos culturales, diferentes y me pregunto el por qué. Poesía plena. Semanas seguidas o tres años sin verla. A veces hablamos con palabras y todo, a veces nos miramos, a veces…

Sucede tan rápido, tan tenue, tan condenadamente crudo.

Los dos aceptamos, cómplices, el azar que nos rodea y esperamos, en silencio nuestra próxima última vez.

F.L.B. (24/7/07)

El triunfador

Javier corre a toda velocidad. Cruza la calle casi por instinto, pasa una panadería, un local de ropa, otro. Choca una mujer en el camino pero sigue, tropieza, se levanta. Esquiva un chico en bicicleta, corre entre una pareja de la mano, pasa de largo a uno que venía y a un policía que lo mira mal. Cruza la otra calle y continúa hasta la otra esquina. Un kiosco, un local de música, dos casas grandes, una cochera. Corre por todas las fachadas que se pueda imaginar corriendo. Al final, en la otra cuadra, después de saltar un cantero y bordear las mesas del bar, después de cruzar de nuevo sin mirar y de rodear dos perros con la vista, los rodea con el cuerpo. Sorteados los obstáculos, cubierta la distancia, se detiene. Ha llegado. Está transpirado e incómodo. Sabe que la corrida no le permitirá sentirse bien hasta dentro de unos minutos. Extenuado lanza una carcajada con el poco aliento que le queda. Sabe, mas que nada, en el fondo, que ha logrado su objetivo.


F.L.B. (27/9/07)

viernes, noviembre 09, 2007

Crónica: Mi Andrea Poly

Trabajo para la facu:

Llego al congreso casi sobre la hora; las clásicas vallas blancas están puestas a la vista de todos marcando un perímetro. Dos micros grandes con las puertas cerradas esperan alguna señal de alguien para abrirlas. Dos combis blanco polarizado completan el cuadro. Mas atrás, el escenario está de espaldas al congreso, mientras que la gente está delante, detrás, a los costados, alrededor. Alguien sale a decir que vamos a hacer temblar el congreso, y yo, después de meditarlo un poco, lo dudo.

Cinco minutos después todo cambia de color y velocidad: corren, saltan, se chocan, se gritan, se saludan: Los técnicos, un mundo.

Alguien desde alguna parte da el okey y los micros abren celestialmente sus puertas dejando bajar muchos gordos de verdad. Hay gordos gordos que usan remeras para gordos y pantalones para gordos, gordos cuando hablan y cuando se mueven, otros, ríen como gordos. De pronto, me acuerdo de alguien: el espectáculo por momentos me distrajo pero ahora no, ahora la busco entre esos cuerpos pero ella no sale y hago puchero pero me recupero pronto. Creo que puedo vivir sin ella, pero solo lo creo.

Cuando termina el desfile y los ¿fans? les gritan a sus ídolos siempre lo mismo, le doy la vuelta a ese monumento enrejado con su fuente, atrapado ahí, descomunal: hoy parece, es un día de proporciones diferentes. Me paro a un costado del escenario mientras, tonto de mi, la espero nuevamente. Creo que puedo vivir sin ella.

“Vamos a hacer temblar el congreso” dicen por segunda vez por los parlantes y yo empiezo a tomarlo un poco más literal. Me enojo con un chico de 18 con un nene en los hombros porque el enano me patea a quemarropa. El enano sin pensar demasiado sigue pateando pero por lo menos se me pasa el tiempo ¿Podré vivir sin ella?

La gente se arremolina, se pega, algunos gritan, otros se trenzan después se putean: la gente: loca la gente. Parece que ya empieza, se nota en la fiebre y con muchos gritos y aplausos y gemidos y todo de todo, aparece ella. ¿Yo?, me sonrojo.

Tiene un saco de cuero colorado que brilla más que el cuero. Una remera blanca sugerente, apretada, linda, jeans negros y botas altas como para ella. Andrea Politti se ajusta su cinturón ancho, colorado, apretado: lo acomoda, se lo mira, lo baja, lo baja más, sin consuelo lo sube. A Andrea le molesta el cinturón y se le nota. Por momentos me pregunto qué es lo que lleva a alguien a ponerse una prenda que le molesta o no le gusta. Después pienso que es más normal de lo que había pensado. Después dejo de pensar. Andrea grita y todos gritan, Andrea salta y todos saltan, Andrea aplaude y todos aplauden: acá la gente aprende rápido. La mayoría, parece, vino a ver el programa en vivo al congreso: para hacer algo nomás Otros saben que esto es una manera de protestar para que en el congreso sancionen la ley de obesidad, esa que dice que uno no es gordo porque quiere sino porque está enfermo; otros, los menos, son gordos que se emocionan.

Andrea es espontánea y fresca y eso parece gustarle a todos. La gente la sigue, ríe, le grita cosas, y ella besos de acá y de allá.

El día está nublado hasta el hartazgo, y yo, que no quiero ser aguafiestas: “se viene el agua.”

“¡An-dreeeee-a-an-dreeeee-aa!” se siente. Las cámaras, atentas, no se pierden de nada. La conductora que tanto me gusta me dice para que conste que acá, hoy, hay ocho mil personas y que los medios después van a decir que sólo había trescientos, que miren bien. Yo miro bien y sory Andre, pero trescientos no es tan mal número después de todo. También dice que han venido unos expertos de la UBA y que van a medir no se que temblores y que movimientos de la tierra con no se qué máquina. La cosa es que cuando se de la orden hay que saltar para hacer temblar el piso para hacer temblar el congreso para que las lapiceras y la ley de obesidad se junten y se firmen y se envíen y se sancione, promulgue y reglamente y seamos todos felices, y los que no, gordos enfermos. Un plan perfecto y estudiado. Los de la UBA, se nota, son expertos.

Poly dice muchas cosas pero ya no la escucho. Su pelo es liso y ocre, su nariz respingada, ojos que miran bien, una sonrisa puesta. No creo, no imagino poder vivir sin ella.

En el país dicen, hay mas de veinte millones de gordos. En este programa sólo hay diez. En la calle de capital, por el congreso, veo algunos, no tantos mientras pienso lo raro de protestar por algo que no se ve. Supongo que estarán todos en el interior. No sé. Los del programa lloran, piden la ley a cámara, a gritos, a patadas. La cosa es que la piden, la necesitan: todos, y yo creo que también.

Bueno, cuatro tres, dos, uno, a saltar. Disculpen ustedes pero yo no salto. No tengo nada en contra de la ley, pero yo no salto. Mientras todos se matan, alzo los ojos y la veo, derechito ahí, una mano en su cinturón incómodo, la otra dibujando formas en el aire. Sus pies intentan con todas las ganas golpear el piso del escenario, pero la tarima esa está medio floja y sus tacos también. No salta, hace que salta hasta que se cansa y mira con la sonrisa puesta. Somos dos. Alrededor esto es una fiesta: unos corren, otros gritan, otros zapatean malambos, los pocos que saltan lo hacen mal y a destiempo. Los expertos por supuesto dicen que todo va muy bien, que está temblando y muestran en la pantalla enorme una ralla verde horizontal que se mueve y mueve y tiembla como una película de terremotos que vi hace mucho. Pienso: hay que hacer más para la escala Rifter y JiJiJi, pero luego me da vergüenza de mi mismo. Cuando miro de nuevo veo puras ganas de todo.

Andrea agradece medio agitada y se emociona, saluda y sale por atrás. Acá, ahora detrás del escenario, veo pasar las nubes que tanto prometían y nada, después me acuerdo que una vez leí sobre evitar las metáforas baratas.

Doy la vuelta a ver si puedo decirle algo, tirarle un beso, unas flores, un cinturón. Sube a la combi con la sonrisa pegada y sale por Irigoyen favorecida por el semáforo. Corro un poquito contagiado por la gente pero me detengo rápido, río de mi mismo y volteo: ahí, atrás, el congreso estático frío inmutable. Un símbolo de muchas cosas. Está vacío: por ahí se dijo que están todos de campaña y está vacío. Las luces apagadas, persianas a medio abrir, me dan escalofríos. Nunca voy a saber si realmente tembló, pero me hizo temblar a mi y eso no es poca cosa. Pienso en Poly otra vez, y reflexiono: ¡Claro que puedo vivir sin ella! De todas maneras todavía queda la entrevista. Niam Niam.

F.L.B. (10/10/07)

jueves, noviembre 01, 2007

Hay cosas que no tienen nombre

"Debo confesar que nací a una edad muy temprana" G. Marx

Hola amigo, viejo amigo, compañero de ruta, amigo íntimo, mal amigo, a vos te escribo porque no tengo a nadie más, porque necesito hablar y contarte lo que me pasa. Dirás que sí, que me escuchas pero no estás cerca y entonces es lo mismo. La comunicación -esos modos ajenos extraños nos alejan- es quizás en este momento un arma de juguete. Pero vos ya lo sabés y creo que no necesito decirte como me siento porque vos también te sentís así, vacío, solo, desorientado. Vos ya lo sabés. Hay tantas cosas que prefiero en este momento, tantas que desdeño. Se compensan por momentos, cuando no, se desequilibran y voltean el pequeño mundo interno. Pero a vos que te voy a contar si estas ahí siempre, a mi lado, amigo fiel, mi Sancho fiel. Cuan frágil es el universo, cuanto de nada hay en él; cuanto vacío me rodea. Las ideas me retumban como martillazos en la pared y solo escucho silencio, nadie que nos oiga y más silencio. No hay, ni siquiera, el propio eco. No hay, ni siquiera, una razón pura concreta exacta por qué llorar. Pero te lo cuento a vos y solo a vos mi joven ideal, alma gemela, pequeña flor de potus que naces en el medio de una calle imposible. Cigarrillo de madera, trapo viejo, húmedo, esperando la salida del sol para secarse un poco más, tan sólo un poco mas antes de quebrar en llanto. Te lo escribo a vos porque se que vas a contestarme, tarde a temprano y robarme de este silencio que me atormenta. Este silencio que no me deja dormir, este vacío crudo, florecido, que recorre cada rincón de mi ropero viejo. Sos vos mi pensamiento y mi realización, sos vos que me da fuerzas para continuar. Quién mas si no sos vos?! Quién mas?! Nadie más. Nadie mas puede decirme el sin sentido de este cigarrillo, el sin sentido de esta soledad que me persigue y me acompaña y entonces no es soledad, es un camino de a dos, yo y mi soledad, mi soledad y yo, juntos, de la mano, almas gemelas, conversando, dándose fuerzas para seguir. Somos tan patéticos vos y yo, mi amigo hermano gemelo, mi yo sin mi, mi vos sin mí, sin vos, sin nadie, sin hombro dónde llorar.

F.L.B. (28/10/07)

lunes, octubre 29, 2007

Dos corbatas (jaque mate)

Ninguna idea es eterna. Ninguna idea es, por siempre, invencible.


Juan Cruz está enardecido. No sólo enardecido, sino exaltado, confundido, fuera de sí. Completa y absolutamente fuera de sí. No es en vano por supuesto. Habitualmente mufa como un toro descarriado cuando no encuentra uno de sus zapatos. Lo que sucede hoy, de todas formas, es un poco diferente. Los zapatos están bien: atados y todo. El problema de hoy -el verdadero problema de hoy- es la corbata. La sucia, inmunda, desteñida corbata que tengo que buscar justo hoy que no me sonó el despertador, que llego tarde y que no se cuantas cosas mas le pasan a este pobre hombre, Juan Cruz Esperanto. Cuánto mas fácil sería su vida en este momento si viera su corbata azul -petróleo desteñida- envuelta en la frazada tendida en el piso que anoche tironeó Romeo hasta el cansancio. Cuánto mas fácil -y aburrida- hubiera sido su vida si no se hubiera puesto la otra, la negra de las cruces y los círculos en el trayecto hacia el trabajo, luego de cerrar con un portazo y de ahogar las últimas esperanzas que tenía Romeo de salir a mear como todos los días el arbolito de la vereda que crece orgulloso frente a la casa.

-Que se joda, algo habrá hecho ese perro con la corbata, si yo la deje anoche sobre la silla junto con el traje, todo preparadito pensó Juan Cruz mientras observó, frente a él, un caniche-toi que paseaba a su dueña de lado a lado de la vereda. Era una señora muy puntillosa con una correa celeste que no le combinaba con el trajecito. Claro, pensó, cuando uno se mira frente al espejo lo hace sin su mascota. Hay que ser mas precavido. La señora pasó frente a él sin mayores atenciones, casi como haciendo de cuenta que la vereda estaba vacía, aunque Juan Cruz no reparó en tanto detalle.

Borrón y cuenta nueva pensó, y así fue. El día cerró muy bien. Los alumnos atendieron toda la clase en completo silencio, preguntaron dudas antes del parcial, terminó de leer el libro de poemas en la plaza mientras hacía tiempo para otra clase y la profesora de Semiótica II otra vez lo había mirado de esa manera en el cambio de aulas. “Esa manera…”, la que te mira en busca de tus ojos y te mira con todo el cuerpo, con un completo unísono de violines y trompetas, piano, flauta y contrabajo. Esa mirada que te hace sentir tan chico que sólo podes reírte para no correr. La mirada que sólo hacen las mujeres y sólo (Digo: sólo) las mas osadas, las que están seguras (Digo: seguras) de verdad. Esa mirada que implica siempre un sentimiento y algo mas, y por la manera (ya somos grandes Juancito), algo mas.

La corbata: Negra, con cruces y círculos blancos, guardados, cuidadosamente posicionados, en una cuadrilla de nueve espacios. En cada posición, una cruz o un círculo. Cada cuadrilla es una jugada posible. Un ta-te-ti. Juan Cruz no sabe como llegó a sus manos pero tampoco se propone recordarlo.

Hay inexplicables que nos gusta conservar así.

El día prometía largo pero resultó más rápido de lo que hubiera imaginado. Mejor así pensó.

Juan Cruz tiene una inquietud. Camina y camina mas rápido intentando acelerar el mundo, pasarlo de largo y encontrarse, pronto, a los pies de su casa. Uno camina esperando llegar a algún lugar mientras piensa en lo que pensará cuando llegue, en lo que hará cuando el destino se tope con uno y ahí te quiero ver. Juan cruz tiene -siente- la urgencia de hacer algo. Siente en su nuca esa urgencia, la siente subir y le crispa el pelo. Sonríe. Se piensa sentado en su casa, cigarrillo en mano, recreando eso que lo ha mantenido todo el día ausente. El problema -el verdadero problema- es que se cansa de esperar y adelantándose a su destino decide detenerse por ahí, en algún lugar, en cualquier lugar, da lo mismo. Recuerda, mirando el mundo -sin mirarlo realmente- el dibujo de su corbata. La recuerda (y no la mira) porque al llevarla puesta se encuentra invertida ante sus ojos y ustedes sabrán, una corbata invertida no es lo mismo que una corbata en su perfecta posición y orden. De frente. Recto, march…

Siempre había odiado esa corbata. Juego de niños pensaba, nada seria. Negra, de velorio. Signos blancos. Signos ¿Lenguaje? Juego de azar ¿Lenguaje del azar? Nunca hubiera imaginado, piensa, que las cruces y los círculos fueran un lenguaje, y mucho menos que estuvieran ligados al azar. Pero…piensa nuevamente, ¿No es acaso un juego matemático, limitado, de muy pocas variantes e incluso, de muy poco ingenio? Es un juego de distracción en detrimento de la inteligencia. Te pongo una cruz acá mientras te pregunto por tu hermana y como está ella y asique el novio la dejo mira vos que mal y estará interesada en juntarse con nosotros porque fijate vos que antes cuando chicos, andábamos todos juntos y ahora que no esta de novio Ta-Te-Ti. Cagaste. Mirá que sos malo. Juguemos otro. Es la lógica de las cruces y los círculos. Nadie gana, nadie. Todos pierden, todos subestiman. Lógica sin demasiada lógica: el juego del empate.

Juan Cruz es profesor del Seminario de Informática y Sociedad de la facultad de comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Demasiados títulos para un profesor del montón. Es casi licenciado en esa carrera y hace muchos años cursó la materia que ahora enseña. Digo casi porque la tesina es, por lo pronto, un mal recuerdo que mejor no saquemos a relucir. Quizás por eso Juan Cruz siente una pasión oculta (en el entramado de sus pensamientos) por devenir filosofo de cualquier asunto intrascendente e inclusive argumentar o polemizar, defender y concluir al respecto. Por el momento no especularemos ni desarrollaremos demasiado esta faceta. No porque no tengamos interés sino porque cualquier conclusión sería, como ya lo he dicho, pura especulación. Y sinceramente habiendo tanto para contar de Juan Cruz, no veo razonable detenerme aquí, en este tan pequeño desliz de su vida universitaria si es que podemos, si tenemos el derecho, de clasificarlo como tal. Mucho menos ahora que entró a su casa y encontró el sofá meado por Romeo otra vez.

¿¡Donde estas hijuna gran p…!? Patada y a la calle hasta la noche y mas te vale que vuelvas porque si no no vas a volver mas, perro de mierda, decía otra vez enojadísimo Juan Cruz, que ahora que lo veo con otros ojos, desde afuera, me doy cuenta de lo especial que es su carácter. Tan peculiar, tan cambiante. Es decir, mejor no se lo crucen por estas horas…

Esto sí que es un juego. Ocho casillas por ocho casillas. Diferentes movimientos, estrategia, complejos adversarios, razonamiento puro y hasta un degradé de rangos para sacrificar a los inútiles que no son tan inútiles y proteger al poderoso que al fin y al cabo es otro de los inútiles. Típico de la guerra. Típico de un juego de guerra. Como me gusta el ajedrez pensó Juan Cruz mientras amasaba su nueva proyecto de tesis que le duró lo que uno tarda en decir “peón cuatro rey”.

Punto débil: Todos tenemos un punto débil y el de Juan Cruz es su soledad. Es sólo y eso no es poca cosa. Cuando uno está sólo desarrolla malos (y buenos) hábitos. Hablar sólo, hablarse, cantar en la ducha con la puerta abierta, caminar desnudo por la casa, ponerse una media en la cocina, la otra en el living, el pantalón en el pasillo y la corbata…¿Dónde estaba la corbata?

Decíamos que el punto débil de Juan Cruz era su inmensa soledad. El hace como que no se da cuenta, como que está bien así. Dice que no le molesta pero yo le creo poco. Se nota que la soledad lo inquieta. Es por eso que ahora cuando el perseverante Romeo le raspa la puerta con posterior ladrido, nuestro héroe se apiada y abre (cambiante decíamos), saludándolo con un cariño en la cabezota como que acá no ha pasado nada. El bólido peludo, ni lerdo ni perezoso y gran conocedor de su amo, le manda un lengüetazo entre las manos y firmada la tregua, todos al sillón a cenar la cena y mirar la tele o un libro o la cena.

“Nadie gana, nadie. Todos pierden. Todos subestiman” Soñó Juan Cruz anoche, con la luna husmeando en la oscuridad y un sin fin de ruidos entrando, gracias a la brisa, por la rendija de la ventana del cuarto.

-Tenemos que poner burletes, Romeo, le dijo entre dormido al perro que, obviamente, no entendió nada salvo su nombre. Claro, estaba demasiado dormido como para sentirse tan identificado.

Es evidente que la situación de la corbata lo ha inquietado. No es fácil inquietar a Juan Cruz y eso se los puedo decir yo.

Aclaremos esto: Un enojo no es lo mismo que una inquietud. Un enojo es por cualquier cosa, algo común, de todos los días y sobre todo para el carácter de Juan Cruz. El enojo no nos persigue hasta desvelarnos, al contrario, nos concilia con el sueño y al otro día ahh no era para tanto. Una inquietud es algo más sutil, es algo que apenas se percibe en alguna persona. Uno puede dar una clase entera con una inquietud molesta raspándole la nariz o el mentón y que apenas se vislumbre en alguna mirada perdida por la ventana. En enojo es implacable. Contamina todo lo que toca y lo potencia. El enojo hace explotar cada cosa que pasa por la boca o por el paladar; exacerba las ideas y hasta el arcoíris cambia de color. La inquietud es la frase que resuena en el oído todo el día, es eso que no importa lo que hagas, está ahí, latente, esperando ser resuelta o desechada por cansancio.

Decía que no es común ver a Juan Cruz en este estado, no desde hace tiempo…

El día siguiente en la facultad pasó sin altibajos, no tan fácil como ayer (no se la voy a hacer tan fácil) pero tampoco fue intransitable. Digamos que fue un miércoles de tránsito; con todo lo que significa un miércoles para cualquier trabajador.

Juan Cruz va todos los días a la facultad dónde da clases. Lunes y viernes se presenta como oyente en los teóricos del jefe de la cátedra. Algunos interesantes, otros podrían mejorar. El desgaste académico del titular y la resignación de quien hace lo que quiere, pero que cada vez quiere/puede menos, tiñen de monotonía cuántica la mitad de las clases. Luego de los teóricos la cátedra se junta para revisar los trabajos de investigación y poner datos en común. A veces, cuando tiene tiempo y ganas intercambia con sus colegas pensamientos, visiones de mundo, horizontes de ideas, etc. Lujos que sólo se permite de vez en cuando. Posteriormente Juan Cruz hace tiempo en la plasita de la esquina mientras lee o come algo (no hay tiempo para ambos) y después dicta clases de apoyo a otros estudiantes de manera privada pero en la misma facultad. Si, es cierto, cobra a sus educandos usando las instalaciones públicas. De cualquier modo, no descubrió la pólvora.

De martes a jueves es casi lo mismo pero a la inversa y en lugar de tener los teóricos se encarga de sus prácticos. La cosa es que a las 17 está de vuelta o en camino para su casa. Lo bueno es que le queda cerca.

Lo bueno es que queda cerca, pensó Juan cruz cuando una mano delicada lo tomó por la espalda en la vereda de la puerta, ahí nomas de la salida.

-Hola ¿No piensa saludarme nunca?

Y veníamos tan bien…

-Disculpe, le estoy hablando ¿No piensa saludarme nunca?

-Ahh…si…hola… ¿Usted es la profesora de semiótica II verdad? Entra al aula cuando estoy de salida.

-Sí, me llamo María ¿No piensa saludarme nunca? Me cansé de esperarlo

Es implacable y directa.

-Si, ya se.

-¿Qué es lo que sabe?

-Su nombre, ya lo sabía

-Lo felicito, yo en cambio estoy a la espera…

-Lo busqué en la lista de profesores y lo comparé con las asignaciones de las aulas y ahí lo encontré. María. Es un hermoso nombre.

-Gracias, dice ella como disculpándose por el atropello. Fue una mala pasada de los nervios, sin duda. Algunos enmudecen, otros hablan y hablan. Otros atropellan a lo toro y hasta asustan al mas torero en el asunto.

-Juan Cruz es mi nombre.

-Son dos.

-¿Perdón?

-Son dos nombres.

-Es uno. Es compuesto.

-Me gusta su corbata…es original.”

-Yo la detesto. Gracias igual por el cumplido. Disculpe usted pero debo irme porque mi perro no es muy educado y suele mear los sillones cuando no llego a tiempo. Fue un gusto cruzar palabras con usted. Gracias. Hasta luego. Gracias.

Parada, riendo. Su boca pequeña, fina. Definitivamente es hermosa. Y demostró bastante coraje y determinación. Mucha determinación ¿Y vos? ¡Vos le dijiste que el perro te meaba los sillones!

De vuelta en casa, confundido y algo nervioso, siente un alivio y es doble. Siente un gran alivio doble. Mañana es feriado y el sillón está intacto.

Luego se dará cuenta de algo: Para volver a su casa dio algunas vueltas de más y otras de menos. Tardó mas que lo acostumbrado en regresar y le llamó la atención que Romeo no haya meado el sillón como suele hacerlo en señal de protesta por el retraso de su amo y también de su alimento (el perro ha domesticado al hombre).

Juan cruz comprende, entrada la noche que no estuvo tan mal con María, aunque tampoco había estado brillante. Recuerda su remate con lo del perro pero llegó a convencerse que no había sido demasiado terrible justificándose en la sonrisa pequeña, casi disimulada de María. En realidad esto lo sabría con certeza pasado-mañana cuando crucen sus caminos nuevamente, siempre y cuando ambos lleguen a pasado-mañana. Procuraré intentarlo.

Casi a punto de dormir, al hacer el balance del día (porque Juan Cruz es de los que hacen el balance de los días; valla a saber uno que contabilidades ocultas llevará en su cabeza) piensa que éste ha resultado demasiado atípico. Sucedieron demasiadas cosas para la vida de cuartel que le ha tocado a nuestro amigo. Cosas inesperadas y hasta un poco raras si se me permite el término. En realidad, en el pensamiento de Juan Cruz la palabra fue “turbulento”. No creo que este adjetivo oscurezca la descripción, por lo menos, no voluntariamente. No podré saberlo sino hasta mañana porque acaba de dormirse mientras Romeo está en la cocina comiendo el último chizito que quedó sobre la mesa.

La noche, ocaso de lo constante.

El feriado pasó sin demasiados altibajos, compensando el atípico día de ayer. Día de sol, de lectura en la plaza, de paseo con Romeo. Los feriados son esos días extras de la vida, pertenecen al conjunto de lo regalado. Un plus, un adicional para dedicarse a hacer en un día lo que en treinta o sesenta no se puede. Es curioso, si en el feriado uno hace lo que realmente quiere, cualquier otro día, se deduce, es una pena constante. Agradezco, a veces, que los números no gobiernen -del todo- nuestra vida.

Buenos días.

-Se ha tomado usted en serio lo de la corbata amigo Juan Cruz ¿Puedo llamarlo amigo verdad?

-Es que sólo tengo dos.

-No se inquiete, era una broma. Además, realmente me gusta. Me hace pensar. Ayer me he quedado gran parte de la noche pensando en su corbata.

-En realidad tengo otra que es más de mi agrado, pero no he podido encontrarla. Ese perro seguro que…

-Parece que usted vive con el enemigo.

-A veces quisiera yo tener tanta suerte.

-Vamos, no exagere.

-No lo hago.

-Me dejó pensando le decía… la corbata. Usted también naturalmente.

Tenía unas botas de gamuza marrones. Un jean oscuro y una remera blanca, suave, frágil. Pelo suelto y castaño claro. Ojos marrones. Lacio. Marrones. Hermosa.

-¿Y usted no ha pensado?

-Lo estoy haciendo.

-En mi digo ¿No ha pensado en mi?

-Lo estoy haciendo

(Yo me voy)

Lo bueno es que queda cerca.

La remera blanca corre suave por su piel y se aleja de los brazos en lo alto. Mis manos recorren la cintura y suben por su espalda. Bajan, lentamente, hasta que no pueden bajar más y suben, lentamente, hasta donde quieren subir. Tomo su rostro entre mis dedos y la miro a los ojos y me mira. Nos miramos, nos hablamos sin decirnos más que miradas y eso es mucho. Sus ojos me dan clases y conferencias, me recitan los poemas más largos del mundo. Sus ojos caminan por mi espalda y me recorren y desnudan sin tocarme. Se quita las botas y mis zapatos se perderán por algún lugar de la casa para mañana nunca encontrarlos. Es tan frágil que temo romperla. Su cuerpo es alto, pero delgado. Su cintura aporta lo suyo. Bailamos sin quererlo y en la cama, ya en la cama, sobre ella y sobre el mundo, le agradezco a mi corbata la enseñanza que me ha dado.

El mejor jugador no es aquel que gana, sino el que comprende el funcionamiento total, el mecanismo, cada engranaje infinito del azar que lo rodea. Jaque Mate he dicho.

-¿Que, querido?

-Nada, nada, le hablaba al perro…


F.L.B. (27/8/07)

viernes, octubre 26, 2007

Las perlas de mi boca

Me pregunto si alguno de ustedes los ha robado. Me pregunto si alguno los ha deseado tanto (como yo) que me los ha robado. Me pregunto si…

Son míos y sólo míos y de nadie mas. Son completamente míos. Soy autor y productor, actor y músico, director, escenografía y vestuario. Fotografía y maquillaje. Creación personal. Incomprensión al alba. Todo lo que hay en ellos me pertenece y me los han robado. Y si alguien los encuentra…si alguien los sueña entonces… Si alguien los cruza en alguna siesta, bajo las ramas entretejidas de algún noble tamarisco… Si alguien los escucha en el sillón de algún lugar… le ruego, le imploro que me los devuelva.

Son cortos, pero no tanto. Más bien extensos (pero no tanto). A veces interminables (pero sí, son mas bien cortos). De siete a siete y cuarto y después al trabajo sin pensar. Sin pensar en nada mas que en el trabajo (y no tanto). Somos automáticos.

Algunas veces, de noche, vuelven y… si alguien los encuentra por favor… en el calor de una tarde de primavera sentados en una alfombra fumando, minutos después de una película que no vale lo que vale una película, una de verdad. En algún momento; en cualquier momento.

Hace tanto que… quizás ustedes los vean al pasar, casi sin notarlo o por alguna plaza (en plaza de Mayo por ejemplo, les gusta perderse entre las personas de los bancos), en barrancas o alguna parada. Por algún tobogán o calesita y los niños ¡Que bellos son! (Recuerdo a Pepinot de una película que si vale lo que debería) Transparencia, mirada sin prejuicio, ojos vírgenes, ojos que no juzgan, que no mienten. Quizás ellos los tengan, por alguna travesura ¿Son niños verdad?

En algunos, caen, lentamente, las perlas de mi boca (siempre quise llamarlos así porque es una bella metáfora para usar en algún poema y…) Miento. Disculpen ustedes la torpeza pero hace días que no duermo. Ellos no regresan y yo no duermo. Cuanto más los busco menos los encuentro y menos duermo. Carezco de algo que no se como se llama, pero es eso que tienen los que saben contar las cosas bien contadas. Por ejemplo Luis, el si que sabe contar… pero yo…no, yo no. El cuento no es mi fuerte. Con decirles que no me ando con vueltas y voy al hecho en sí y así no son las cosas. Ustedes bien que lo saben. Hay que embellecer o decorar a medida que se narra, ir en orden y contar, detalladamente, descriptivamente -poéticamente. Como cuando dije “las perlas de mi boca” y es mas bien sabido, porque ustedes ya lo saben, que esas perlas son mis dientes), lo que sucede en algunos de mis sueños. Entonces, cuando ustedes los vean al cruzar la calle, cuando los tomen por sorpresa, ahí si les pido, les ruego, que me los devuelvan.

Se afloja cuando estoy hablando, lo toco con la lengua y se mueve. Lo toco con el dedo y no se mueve menos que antes. Cae, uno, otro y el otro hasta que mi boca ha perdido todas sus perlas mientras mis manos la cubren para ocultar la vergüenza que genera una boca sin perlas ¡Ohh! ¡Que horror! Dirán todos ¡Una boca sin perlas! Y lo que sigue es importante pero estoy ansioso por contar los otros dos y entonces digamos que aquí termina.

El que escribe va pensando (¿ustedes saben?) por adelantado. Escribe acerca de las perlas pero en realidad ya está pensando en el pelo y en como contar el sueño del pelo. Ese sueño que no viene desde hace un tiempo por mi noche y que les pido, si coincide, si lo reconocen, si tienen alguna pista, un pequeño y fútil indicio… Si lo reconocen vagando por alguna siesta dominical, por alguna noche de preguntas existenciales y metejones platónicos…si lo llegan a ver venir me lo hagan saber y por favor…

Atención. Lejos está de no ser un sueño. No. No. No es una pesadilla. Yo no quiero pesadillas. Yo sueño así. Y si son traumas, premoniciones o sólo sueños acaso no me importa; acaso son míos; acaso soy autor y productor, actor y músico, director, escenografía y vestuario. Fotografía y maquillaje. Creación personal. Mío, mío, mío. Míos. Por favor les pido…

Ese sueño que no siento desde hace mucho…

Mi pelo, lacio (no tanto), súper-extra-fino, pero con una capa-extra-de-finura y un rubio ceniza que eleva al máximo cada una de sus hormonas que ni les cuento…

La cosa es que cae. Cae, cae, cae. Primero paso una mano (movimiento nervioso), costumbre estúpida, pero ¡Que bien queda! Como dando la impresión de que no importa como esté el pelo aunque si importe como está el pelo. Lo despeino como siempre y agarro los mechones como siempre. Costumbre estúpida ¡Pero que bien… Aunque mi mano no se desliza como siempre (estoy pensando en el otro, el de la ropa), al contrario, se roba, de recuerdo, para completar el cuadro, mechones y mechones de mi pelo rubio ceniza. Azorado, atónito, estupefacto, loco y todo lo demás… pero como siempre, en algún punto, se que estoy soñando lo que sueño (por favor les pido, les suplico de rodillas si es necesario, les beso los pies si también es necesario) lo hago de nuevo y sin sorpresa ahora, mas pelo suelto, de raíz. Suavidad brillosa. Calvicie precoz. Lo hago una vez y otra vez y así hasta agotar la última posibilidad, el último mechón; un desafío inalcanzable que nunca logro superar Insulsa bronca o estúpido alivio. Siempre me doy cuenta que es un sueño y hasta llego a abrir mis ajos antes del último mechón ¿Será por eso que siempre intento llegar al último? ¿Para despertarme? (me han dicho alguna vez por la calle que mi inconsciente parecía bastante inteligente pero nunca lo creí)

Nunca estoy solo, pero las personas que me acompañan no juegan un papel importante en el nudo, el lugar donde está el foco, el centro de mi sueño. No recuerdo mucho más porque hace tiempo ya que… hace tanto que no duermo.

Hace tanto que no siento el pesar de un yunque sobre mis pestañas, que no hablo sin saber de lo que hablo. Hace tanto que mis pupilas sólo encuentran luz y vigilia.

Que placer inexplicable es despertarse exaltado sabiendo mis dientes en su lugar y mi pelo y mi ropa, porque ya estoy pensando el de la ropa; el que ya se, desde hace tiempo, que lo han tenido otros y por eso se los cuento y se los suplico. Porque uno se da cuenta de lo que tiene (o tenía) o tendrá, cuando lo pierde o lo desea. Estúpida moraleja que sólo sirve para ser enterrada y exhumarla cuando lo malo nos ha pasado y enterrarla nuevamente. Estúpida naturaleza.

¡Pero no quiero mis dientes ni mi pelo (ni mi ropa), no, no, no! ¡Quiero perderlos! Quiero entristecerme dormido y alterar el orden. Quiero gritar (en ellos) sin tener voz o correr sin poder avanzar (¡Como si estuviera atado!) como si estuviera atado a algo. O cuando me atacan y no puedo defenderme con el arma que me he dado porque ciego, borroso, no puedo ver a mi oponente. Y cuando despierto ¡Oh! Cuando despierto. Una sensación de alivio me invade. Encuentro, al instante, un sentir placentero en que nadie me ataque y que nadie me ate a nada. Pero hace tanto que no siento ese alivio que me dan ganas de perderlo todo (¡Se que usted lo tiene! Que lo esconde, ahí, entre su almohada y su suspiro, en la oscuridad placentera (o en el día, da lo mismo) y ríe y se regocija, alegre de perderlo todo y la ropa y los dientes y el pelo, porque sabe que eso que sentirá al despertar es hermoso) Entonces le advierto que si usted anda sin ropa por el mugroso colegio (no hay más tiempo para más), si los ha encontrado envueltos en alguna sábana (se me han escapado), si lo ha visto caer del cielo y los tomó sin pensarlo, si siente un diente flojo o su pelo cae, sin sentido, entonces usted es un ladrón y se ha robado mis sueños.

F.L.B. (11/8/07)

miércoles, octubre 24, 2007

Entre las sombras

Para A.T. : Los pesamientos son, a veces, tantos.

Escuché tu llanto desesperado, tu pedido de auxilio, tu esperanza. Corrí a buscarte entre las sombras. Corrí hacia todos lados en la densa oscuridad. Grité tu nombre y tu nombre tantas veces que jamás lo olvidaré. Tome por la espalda a tantos que no eran, seguí buscando, perdido, alguna luz. Me aferré a muchas cosas.

Siempre valió la pena pensarte. Siempre valió la pena mirarte mientras estabas cerca. Siempre pienso que la pena vale, que lo que no vale es la pérdida, la falta innecesaria.

Y pensar que habíamos discutido, que la distancia nos dividió. Pensar que las palabras no llegan tan lejos, que se pierden a los pocos metros y se convierten en polvo, aire o pasan a formar parte de alguna otra cosa, de algo más pequeño quizás. Y pensar que hablamos un día antes, pidiéndonos perdón en silencio, conjugando una disculpa mutua. Pensar que sentí la necesidad de hablarte, de decirte que te quiero y preguntarte como estabas. Pensar que te dijimos que no fueras, sin saberlo, por otras razones. Pensar en lo impensado era tan posible, tan fácil: demasiado fácil para pensarlo.

Esa noche escuché tu llanto desesperado, tu agonía, tu resignación. Escuché cuando caíste y te perdiste entre la masa. Escuché, entre las voces del planeta, tu silencio desgarrador.

Nunca pude encontrarte. Jamás volví a verte sino en escasos recuerdos.

Nunca pude encontrar, tampoco, una razón.

Y entre las sombras de Cromañón, sigo buscando.

F.L.B. (4/7/09)

Paraíso

Este texto fue presentado en un concurso de "Cartas de amor" en abril/mayo del 2007:


Años han pasado desde el último beso, desde ese adiós que me persigue.

Es todo tan confuso. Recuerdo atravesaste mi cuerpo con una lanza. Sangre y risas. Felicidad. Sobre todo risas. También recuerdo tus silencios, tu lejanía, mi tristeza. Y así te fuiste.

¿Yo? Acá estoy sin dudarlo, vomitando las palabras más dulces casi sin pensarlo. Así debe ser. El amor no se dice, no se demuestra, el amor sale solo, se contempla. Miro mi mano escribir. Pluma al tintero y continúa.

Es un pecado mortal estar tan lejos.

Fácil sería decírtelo todo, pero mas fácil sería morir. Hallarte.

¿Acaso el amor no es un nuevo despertar, no es un sueño? ¿Por que no ambos? ¿Por que no el despertar de un sueño? El comienzo de la vida misma y la muerte también. El comienzo y el fin de todas las cosas. Mi principio, tu final. Norte, Sur. Paraíso.

Tu piel conmueve mis ideas y en las noches me desgarro por borrarte. Pero ahí estas sonrisa. Cabello al viento, despeinada…sonrisa.

Travesura onírica, el ideal mismo, la mística de la locura. Sos vos. Te describo y no me alcanza.

Cuanto dolor siento. No estas pero te amo. Dolor hermoso entonces. Dolor cálido. Dolor soportable.

Descubrí que hay una aguja clavada en mi existencia. La bauticé María. No duele y a la vez carcome tanto. Es un amor que me apasiona y me aterra, me sorprende. Río con recuerdos y añoro tu presencia, María. Te espero.

¿Dónde estás si no es a mi lado?... ¿Dónde duermes si no es en mi cama?

Reniego de esas mentiras que me cuentan y que ya no estas y que no vas a volver.

No estoy loco, no. ¿Me escuchas desde algún lado? Siento al eco volver.

El adiós de tus manos, una lágrima. Cabello salvaje enredado entre las mías, otra lágrima. Diosa del amor. María.

Qué imposible que es el mundo. Qué frustrado que me encuentro cuándo ni la lengua ni el habla son capaces de expresar mi tormenta. Mi lluvia con sol: arco iris.

Todo es obsoleto cuando el amor físico no es suficiente, cuando no se contemplan más medios que los pocos que descubrimos para demostrar el amor.

Yo te amo y el decírtelo no me alcanza, pues entonces a vos tampoco te alcanza y hago de cuenta que nada dije.

¿Mis deseos? ¿Cuáles? Solo sueños, pocas certezas, pero un infinito de locura.

Un interminable sabor a tu boca me transporta desde lo mas lejano, desde el mas allá. ¿Acaso no es ahí donde estas ahora? ¿El mas allá?... ¿No es ahí donde duermes?... ¿No es ese el lugar desde donde me ignoras?

María: presencia sensible; piel de gallina. Soy vos. Siento tu viento, lloro cuando te duele y el pelo vuela. Aún así callas cuando te escribo. Tercer carta y silencio, ni siquiera una hoja en blanco.

¿Que es Romeo sin Julieta o el agua sin el fuego? Tan solo la mitad de un todo. Una parte. El extremo de la nada. El lado opuesto del vacío. Estoy incompleto. Soy incompleto.

¿Podrá matarme el amor? ¿Podrá María? ¿Qué me sucede a mi entonces?… ¿Qué papel juego yo si no soy nada por mi mismo?

Extraño mi motor, mi luz, el calor de la vida, la razón de la felicidad.

Te extraño a vos María, a tu parte que me completa.

Mi piel tiembla…vienen las lágrimas…siento frío pero no miedo.

Allá voy infinita dulzura a sonreír con vos para siempre...a completarte…a completarme…paraíso.

F.L.B. (2/07)

Despersonalizado

Para Agustín I.

En este momento estoy muy lejos de mi mismo. Tengo que hacer algo porque no quiero volver. Mi intención no es intención, no es voluntaria. Desaparezco.

No me busquen porque no estoy dentro de mí...

No me busquen en mi cuerpo porque me habré ido. Me alejo, pienso que me alejo y me voy. Dejo de escuchar, de ver, de existir. No me pertenezco.

Soy solo razón: pura, exclusiva, excluyente razón. Me desagrego, me pierdo en la nada del misterio.

No me busquen porque ya estoy lejos y no pienso regresar.

Atravieso laberintos, caminos iguales que se bifurcan en un espacio desierto rodeado de niebla espesa. No hay salida desde donde estoy.

No me busquen porque no sabrán dónde buscarme.

Y si me encuentran, sólo si me encuentran, lamento confesarles: ese no soy yo.


F.L.B. (27/9/07)

Arte Menor

(Inspirado en Mario Gemelli, personaje “Arte Menor”, novela de Betina Gonzalez, ganadora del "Premio Novela Clarín 2006")

Arte menor, sin importancia. Transmisión invisible. Subjetividad impune. Transferencia viva de un pensamiento lejano, corroído en la distancia del tiempo, que todavía respira ínfulas de próceres y misterios.

Sonrisa bohemia que se ahoga en el recuerdo de la ausencia.

Escombros de yeso, diseminados, marcando un paso, una línea, un pedazo crudo de vida en demasía.

Sonrisa austera sobradora de confianza. Monopolio del talento.

Cada una -las amantes- lo recuerda atosigado de flores, despojado de visión, rodeado de troncos o en camas interminables de sábanas tibias, enredadas en promesas y esculturas.

Cada una lo dibuja nuevamente, embelleciéndolo, desdeñándolo.

¿Verdad monumental o memoria entretejida? ¿Verdad universal?

Enamorarse del amor. Amante de una idea, de un pedazo de minuto; un destello de capricho en un océano de historia.

Arte menor, sin importancia: búsqueda de lo simple.

Entre campos de manzanas, escombros de yeso diseminados marcando un paso, una línea, un pedazo crudo de vida en demasía.

F.L.B. (10/7/07)